La Destrucción. Diario.

Un pésimo chiste mal contado

Octubre 14, 2007 · 6 comentarios

He llegado a un punto de mi vida en que me siento dotado de ingravidez, como flotando. Pareciera que la trayectoria que me planteé hace un par de meses se desvanece por completo. No sé donde estoy. Quizás estoy cansado. Soy un perezoso. No quiero hacer nada. Ahora mismo el mundo debería irse por un par de horas al mismísimo carajo. No quiero estudiar. Estoy fallando mucho. El tiempo escasea. Soy un cadáver que camina, come y escribe puritas mierditas. Y este calor es espantoso, después de una semana de relajante brisa, la presión me jode el ánimo. Hay que ver cómo el clima es una furcia de a cincuenta córdobas.

Se me antoja un poco de paz conmigo mismo, darle la mano a la conciencia, invitarle a cenar lo que le apetezca; o mejor: si quizás quiere salir por ahí a algún concierto de metal donde todo sea ruido, lodo, lluvia y sudor a altas horas de la madrugada. Pero, para desgracia mía, no hay reloj para derroches. Tengo mucho material que estudiar, obligaciones y compromisos contraídos. Esto de rayarse la cabeza deberá pasar a un tercer o cuarto plano.

Soy agrio, repelente como amigo y déspota como hombre. Pero tampoco soy dueño de mí, ni de mis acciones. Lo sé. Este diario mío es como un pésimo chiste mal contado.

Categorías: Diario

6 respuestas hasta el momento ↓

Dejar un comentario