Supongo que estoy en una condición que bien podría llamarse “anímica” que me impulsa a ser en cierta medida un animal político, y es que no existe ser alguno que escape de la sentencia de Aristóteles (ni si quiera yo) a quién se le conoce (hablo de Aristóteles) como el padre de las ciencias naturales. Pues bien, de alguna forma estoy siendo arrastrado (hacia afuera diría yo) por un vector social (saliente de mis propios intestinos estercoleros), porque es bien sabido que no existe hombre que bajo el peso de la soledad y el aislamiento más crudo pueda durar (bajo el peso gravitatorio de eso que llamamos “vida”) más de un par de meses, y si es lo suficientemente fuerte quizás termine bailando en el ojo de la locura de los sueños surrealistas.
Y aquí debo de decir algo: la existencia de este mi diz-que diario de porquería tiene solo sentido en si mismo en la medida en que sólo es comprendido por mí mismo, porque a pesar de todo lo que se diga soy un individualista por “nature”, además es bien sabido que el individualismo es en parte hijo de ese estado ulterior que es el narcisismo. Estado que no es más que la teta a la cual me adoso (para ser idiotamente sarcástico) cual si fuera el más hambriento de los críos humanos. Así que ya he justificado mi verborrea mierdosa. ¡Paz amigos míos!
A lo que iba, sobre mi estado actual no diría más que estoy sumido en un dulce lago azul que impregna un frío aroma de ansias. He mandado todo al carajo (en el buen sentido de los términos si es que los hay) y he tocado fondo. No más distracciones, no más tonterías, no más máscaras, no adicciones, no más tropiezos tontos (intencionales), no más hastío, no más mierda, en fin, eso pues. Es evidente de que no encuentro las palabras apropiadas para expresarme, pero es que eso tampoco es asunto que me incomoda, así que buenas noches.
Entradas de Diciembre 2007
De las justificaciones para ciertas acciones
Diciembre 21, 2007 · 5 comentarios
Categorías: Diario
Me ha entrado lo patriótico
Diciembre 17, 2007 · Dejar un comentario
Guardabarranco: Dale una luz
Categorías: Música
Masturbación (o la cara en el espejo)
Diciembre 15, 2007 · 2 comentarios
¿Qué quieres que te diga? Soy feliz a trazos, a motivo de dibujos pueriles, a punto de palabras no tan rebuscadas. Mi cuerpo y yo somos felices en el momento en que te cabalga. Ese rito debería ser eterno, tan eterno como Dios y el universo mismo. Mis dedos huelen aún a tus bramidos. Y es que todo eso ha sido una revoluta mezcla de vestidos negros y pantalones azules, crujidos de huesos, vaivenes, salivas (tu saliva me sabe a coco), sudores. Y no te olvides de mi esperma quemante sobre tus pechos (también pueriles). Esto debería ser la vida, mi vida. Penetrarte con los ojos, con los dedos, con la lengua, con los dientes, con las ganas y hasta con el pene. Esas pálidas nalgas deberían ser mi alimento de todos los días. “Cójeme J***, déjate de tontas palabras, cójeme, muérdeme, penétrame.” Eso debería ser el prólogo a lo que es la vida. Mi lengua no sufre pudor. Y mi mano no tiembla al momento de amasar tus pechos ni sufre pena por azotarte las nalgas, puta, zorra, puta sucia, ángel mío. Luego yaceremos muertos de cansancio. Mañana será mañana y mis rodillas siempre estarán dispuestas a empezar la oración.
Categorías: Diario
Un poco Dios…
Diciembre 14, 2007 · Dejar un comentario
Noche calurosa en Managua, extraño ir a la cama después de un valiente baño con agua a temperatura ambiente; el 23 bien podría darme ese extraño gusto, cuando comiencen mis más cortas vacaciones de fin de año, dos semanas despilfarradas en el seno familiar, entre largas horas de sueño, espumosas y frías cervezas con L*** en el bar de siempre, botellas de vodka y jugo de naranja bajo los pinares de Dipilto junto al riachuelo y dilapidaciones no más interesantes.
Al final he resuelto algunos detalles de mi vida: el deseo de una quimérica vida adicta a vicios cotidianos y la otra abruptamente realista. Aún no sé si en el siguiente año pueda continuar con el ritmo habitual en este mi diario, los últimos meses de este año han sido en cierta forma una explosión de maduración, una vorágine de desperdicios humanos y nacimientos de ideas frescas. Por mi parte mi cabeza deberá estar enfocada a mi futuro empleo, ahorrar un poco de dinero y colocar los cimientos de mi vida, porque –tarde o temprano– a uno le llega el planteamiento ese de “¿qué hacer pues ahora que…?”
La terrible vejez me produce escalofríos, supongo que si T*** volviera a tontamente psicoanalizarme me diría alguna tontería como que “vas a morirte inconforme” y yo no haría otra cosa más que no fuera fruncir el entrecejo y refutarle con un “sí, claro…”
De momento no puedo estar más que satisfecho, se me ha contagiado la algarabía de los transeúntes, y es que tengo la sensación de que todo el mundo tiene actitudes pueriles en estos días. Es una situación cómica y confesoria, pero qué diablos, llevo una semana que me siento conforme y hasta un poco Dios.
Categorías: Diario
She’s so hot-hot, so fucking hot!!!
Diciembre 12, 2007 · 1 comentario
Otep Shamaya: Breed [Nirvana Cover]
Categorías: Música
Tinieblas y Amanecer: I-Las Hermanas [Alexéi Tolstói]
Diciembre 10, 2007 · 4 comentarios
El mejor relato del mundo, o el mejor que yo haya leído:
Dos pequeños fragmentos de Tinieblas y Amanecer: Las Hermanas.
Por la rendija de la parte superior de la ventanilla penetraba un aire fresco, punzante. En la oscuridad volaban, se entrecruzaban y descendían hasta el suelo las rayas de fuego. De vez en cuando pasaba volando una nube de humo gris. Traqueaban, obedientes, las ruedas de los vagones. La locomotora emitió un prolongado silbido al tomar una curva, y el fuego de la caldera arrancó de la oscuridad, por un instante, los negros conos de unos abetos. Golpeteó una aguja, se meció blandamente el vagón, pasó, fugaz, el ojo verde de un semáforo, y de nuevo las largas rayas cruzaron ante la ventana como una lluvia de fuego.
Mirándolas, Iván Ilich, embargado de súbito por una alegría desbordante, sintió con toda fuerza lo que le había ocurrido en los últimos cinco días. Si hubiera podido expresar a alguien lo que sentía, lo habrían creído un loco. Pero él no veía en aquello nada de extraño ni de insensato. Todo estaba extraordinariamente claro.
Sentía que, en medio de las tinieblas de la noche, vivían, sufrían y morían millones y millones de personas. Pero la gente aquella vivía sólo convencionalmente, y todo lo que sucedía en el mundo era convencional, casi ilusorio. Tan casi ilusorio que, si él hiciera un esfuerzo, un solo esfuerzo, todo cambiaría, todo sería distinto. Y en medio de todo aquello, de todo lo ilusorio, existía un nervio vivo: él, Iván Ilich Teleguin, el hombre con la cara pegada al cristal de la ventanilla. Aquel ser enamorado de sí mismo. Había salido del mundo de las sombras y, en medio de una lluvia de fuego, volaba sobre la oscura tierra.
Aquel insólito sentimiento de amor a sí mismo se prolongó unos segundos. Luego, Iván Ilich entró en el compartimento, trepó a la litera superior, miró, al desnudarse, sus grandes manos y pensó, por primera vez en su vida, que eran bellas. Cruzó las manos tras la nuca, cerró los ojos y, al instante vio a Dasha. Ella le miraba a la cara, emocionada, llena de amor. (Así lo había mirado aquél día en el comedor, mientras envolvía los pastelillos. Iván Ilich rodeó la mesa, se acercó a ella y le dio un beso en el hombro, tibio; ella se volvió rápidamente; él preguntó: “Dasha, ¿será usted mi mujer?” Ella se limitó a mirarlo.)
Ahora, tendido en la litera, mientras veía, sin cansarse, el rostro de Dasha, sintió, también por primera vez en su vida, un júbilo desbordante porque ella, Dasha, lo amaba a él, al hombre de manos grandes y bellas.
***
Dasha y Teleguin paseaban por la avenida. Era un domingo de abril. En el fresco cielo, de azul todavía primaveral, bogaban sutiles jirones de una nube que el sol deshacía. La luz del astro penetraba en la avenida como a través de una capa de agua y resbalaba por el blanco vestido de Dasha. Al encuentro de la pareja avanzaban los secos mástiles rojos de los pinos, cuyas copas rumoreaban. Dasha miraba a Iván Ilich, que se había quitado la gorra y, fruncidas las cejas, se sonreía. Ella se sentía invadida de la calma y del encanto de aquél día, del gozo que le producía respirar un aire tan puro, caminar con tanta ligereza y entregar toda su alma a aquel día y al hombre que iba a su lado.
– Iván –dijo Dasha y se sonrió levemente.
El preguntó, sonriente también:
– ¿Qué quieres, Dasha?
– Nada, pensaba…
– ¿En qué?
– Luego te lo diré.
– Sé en que pensabas.
Dasha se volvió rápidamente hacia él.
– Estoy segura de que no lo sabes
Llegaron a un corpulento pino. Iván Ilich arrancó un pedazo de corteza, salpicado de blandas gotas de resina, lo desmenuzó entre sus dedos y miró cariñosamente a Dasha.
– Sí que lo sé.
A Dasha le tembló la mano.
– ¿Comprendes? –dijo con un hilo de voz. –Siento que el gozo va a desbordarme, llevándome a una alegría todavía mayor… Tan llena estoy toda…
Iván Ilich asintió con la cabeza. Salieron de un calvero tapizado de hierba verde tierno, como plumón de polluelo, y salpicado de amarillos ranúnculos, que el viento agitaba. Una ráfaga levantó el vestido de Dasha. Ella se inclinó varias veces, sin detenerse, para estirarse la falda, repitiendo:
– ¡Caramba con el viento!
Al final del calvero veíase la alta verja del palacio, con sus lanzas doradas, descoloridas por el tiempo. A Dasha se le metió una piedrecita en un zapato. Iván ilich se agachó, quitó el zapato del tibio pie de Dasha, ceñido por blanca media, y le dio un beso en el empeine. Dasha se puso el zapato, golpeó el suelo con el tacón y dijo:
– Quiero tener un hijo tuyo, eso es…
Categorías: Libros
Refracción-Reflexión
Diciembre 8, 2007 · 2 comentarios
Somos lo que somos. Machos y hembras. Esperma y decrepitud humana. Esfuerzo individual y colectivo. Con motivos y sin ellos. De ahora y para la posteridad. Causa y efecto del movimiento de sub-partículas. Artistas y patéticos. Fieles e infieles. Aplaudidos y olvidados. Tenemos historias, armas, idiomas, esclavos, colores y teléfonos móviles. Llevamos el poder del átomo y la del puñal, también.Pobres y asquerosamente ricos. Caníbales, feudalistas, comunistas, homofóbicos, clonadores, antropófagos, depredadores, gusanos, exterminadores, genocidas y un infinito hilo de etcéteras.
Somos bellos. Tememos a la vida y a la muerte, que no son más que mediciones cualitativas del espacio-tiempo. Llevamos el temor a cuestas. Una bala en la cabeza y reflexionamos sobre todo. Somos cobardes, temerosas ratas que no se atreven a verse frente al espejo. El estúpido intelectual llena las columnas en periódicos, revistas y libros. Y aún este planeta seguirá girando en su putrefacta condición.
Por mi parte, me importa un reverendo pepino lo que se haga o deje de hacer en esta masa giratoria, mientras nadie me moleste con alguna tontería a la hora del café.
Gracias.
*¡¡¡Bang-Bang!!!*
Categorías: Diario
Hablando como Daltoniano, que es lo mismo que si yo hablara
Diciembre 5, 2007 · 4 comentarios
Señores, me declaro Anti-materialista en un mundo acorralado por lucecitas y pinos falsos, adornados de pertrechos espantosos que dan ganas de llorar a moco tendido. Y es que, cómo carajo la raza humana puede darse el tonto lujo de acumular un montón de basura plástica en la sala de su casucha o casona o residencia o mansión o lo que sea –porque las costumbres no perdonan nuestras condiciones sociales –, sonreír estúpidamente (repito), beber y atragantarse como cerdos bajo el pretexto que nos deja un viejo feo y panzón vestido de rojo y blanco. ¡Cosa rara, señores!
¿Y quién causa tanta alegría? La fucking concepción de María. Hay que ver cómo la pobreza muestra sus huesos pelados, digo, en estas fechas es cuando se hace más ancha la brecha (o se hace más notoria, etcétera) entre pobres y ricos. Hartémonos, dejemos que el hambriento muera en el árido desierto. A decir verdad en estos momentos me importa un carajo de ver lo mismo de siempre. ¡Basta! (¡Ah, calla zorra!)
Entonces, ¿en qué íbamos?… ¿a dónde iba con tantos gritos?… sí, bueno, es que eso de robarle la única rotonda a donde acudía con antojos etílicos y para respirar – de vez en cuando – la semi-oscuridad de unos faros patéticos. Oye, que eso no se le hace a nadie. Encima la gente que ha llegado como avalancha – hojarasca de desperdicios humanos (véase Gabo, etc.) –, niños, mujeres, hombres idiotas y familias enteras. ¿De dónde salen estas ratas? ¡Que no! Repito que no se vale. Han echado humo lacrimógeno en mi refugio. ¿Dónde está Bin Laden cuando se le necesita? Exijo que se devuelva mi rotonda, tan fea, sucia y oscura como antes, que ahora no tengo a dónde ir a joder la vida. Señor alcalde por favor, estoy en contra del progreso, porque el progreso incomoda mi bienestar.
Y me declaro enamorado de mi mismo. Lo siento, cariño. Es que no puedo evitarlo. Soy Dios. Pepita de oro recubierta de excremento. Lindo y pequeño geniecillo. Aunque, ni zorra idea de cómo demostrarlo, es que eso de la fotografía no me resulta propiciatorio, que es que soy lindo sólo cuando todos miran para otra parte. Señor juez, ese es el asunto como tal. (Comentario: jajajajaja)
PD: En otras cosas (que es como más revoltijo de lo anteriormente dicho), ¿alguien ha notado el “notable” parecido que tengo con Roque Dalton? Yo creo que si nos hubiéramos conocido (ahora él está más muertito que mandado a hacer) seguro y nos pondríamos unas perdidas borracheras (sálveme el cielo y a mis riñones e hígado también). Claro que si estuviera junto a mí, a él no lo hubieran matado a balazos, sino que hubiera muerto atropellado por andar haciendo delitos menores junto conmigo. Aunque, gracias a su muerte, entre otras cosas, es a él a quien debo la justificación de este diario de mierda. Tontamente gracioso, ¿no?
Categorías: Diario
(Hed) Addicted
Diciembre 4, 2007 · 2 comentarios
Confieso que soy un (Hed)ster Adicto y que DJ Product 69 es mi ídolo.
What about the 5 o’clock news?
What about the Sunday paper?
Every day’s just like the one before
Everytime I turn the page….
(That’s why …)
I blackout!!!
Yo a veces también me pregunto lo mismo
Diciembre 2, 2007 · 5 comentarios
Moby: Why does my heart feel so bad?
