Devoremos cabrones, al político que con sus palabras nos ofrece el rito de hambruna sobre sus tarimas color chicha.-
Yo, zoo politikon
Abril 14, 2009 · 1 comentario
Categorías: Poesía
Etiquetado: critica social, nicaragua, Poesía, politica, revolucion

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Monica Gameros // Noviembre 3, 2009 a 3:50 pm |
Dios y miseria…
Un hombre siembra con la espalda rota bajo el látigo del sol;
la yunta serrucha la tierra dulce;
al adolescente se le atora en las venas la monotonía.
Aquí lo mejor es seguir copulando con la tierra,
cantar juntos en las pulquerías, hasta que naveguemos sobre epopeyas.
Las mujeres derraman sus años sobre semillas,
tejidos, hortalizas y tortillas.
Sus dientes, caen como la mazorca desgranada.
Su cuerpo, se deshila cenizo.
Ellas se sostienen sobre sus espíritus, para seguir con su destino,
y siguen deshojándose
mientras amamantan a los tejedores de la tierra del futuro.
Sobre la montaña llena de surcos, el hombre dicta.
La mujer cosecha, reza, teje, pare;
los niños gritan y risotean mientras les dure la infancia.
Pasados 15 inviernos, los huesos se secan y se parten
para regar las tierras.
Aquí, hay que sentarse sobre el filo del barranco,
para sentirse inmenso frente al vacío,
dueño de todo y luego volverse pequeño,
para evitar que la angustia se apropie de la voluntad
porque es imposible atentar contra la miseria.
Además de indios y pobres, aquí hay que ser humildes.
La emancipación se nos niega porque es del diablo…
y más nos vale, si por ello, el cielo nos llega con la gracia de Dios.
Si la libertad es del diablo, ¡Al infierno entonces!
Las campanas doblan por las mujeres descuartizadas por Otelo.
A Cristo lo crucifican pero la sangre es nuestra.
Los niños y las mujeres rezan para no perder la gloria prometida,
y los hombres andan con el machete en la mano,
cobrando venganza a otros,
vencidos como ellos.
Doblan las campanas 15 veces,
el pueblo entero llora por la sangre que pintó en el río al amanecer.
Las campanas repican suplicando paciencia a la ira desatada;
suenan dizque para dar paz a los muertos,
a los humillados,
los pisoteados,
los torturados;
llorados, desaparecidos,
enterrados junto con la humildad.
Vuelvo a oír que además de indios y pobres hay que ser humildes.
Humildes para llegar al cielo.
¡Al diablo entonces!,
que el infierno me esclavice,
porque no dejo de respirar miedo.